Product Description
1895. . : ... Uando se detuvo el carruaje, D. Mariano conoció en el rostro del criado que salió á abrir la portezuela que nada halagüeño había acaecido en su ausencia. --¿La señora?...--preguntó con sobresalto. --La señora se encuentra en cama. --¡Oh, debía suponerlo!... ¡Cómo había de tener fuerzas la pobre para resistir este golpe! Las caras de los otros servidores que halló al paso estaban de la misma suerte, graves y taciturnas, lo cual aumentó extraordinariamente su agitación. María le seguía. Cuando llegaron á la habitación de D.a Gertrudis observaron que dentro había algunas personas, las cuales al verlos vinieron hacia ellos en ademán de detenerlos. --Pero qué, ¿tan mala está?--exclamó el infeliz D. Mariano con voz ronca ya y temblorosa. --:No está muy mala--dijo una señora oficiosa, --pero no conviene que ustedes entren así de golpe, porque una emoción fuerte la puede hacer daño. Ha tenido algunos ataques desde ayer noche y se encuentra bastante débil. Déjenme ustedes que la prepare... La señora fué, en efecto, á decir á D.a Gertrudis que su hija estaba libre y que no tardaría en llegar á Nieva. --¡Mi hija está ahí!--gritó la enferma con maravilloso instinto de madre y de mujer histérica.--¡Sí, está ahí!... ¡la siento!... ¡la estoy viendo!... ¡ven, ven, hija mía!... Y al mismo tiempo hizo un esfuerzo supremo para incorporarse. María entró en la alcoba, y poniéndose de rodillas al lado de la cama, besó respetuosamente las manos que su madre le tendía. --Perdóname, mamá; perdóname el disgusto que te he dado... Te has puesto enferma por mi causa, pero el Señor querrá sanarte pronto... ■--No, hija mía; no tengo de qué perdonar...